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París
Nadie puede escapar al hechizo de una ciudad admirable, protagonista de la historia, dueña de un glamour y un estilo único entre las capitales europeas. París es un paradigma del romanticismo y el refinamiento. Uno logra enamorarse de París y apropiarse de cada esquina de la Ciudad. Nada más delicioso que sentarse en un café en las cercanías del arco del Triunfo y subir al atardecer a la Torre Eiffel para ver desde lo alto cómo se va iluminando la ciudad para recibir la noche. Quizás fueron los años de refinamiento con los Luises y sus arduas revoluciones lo que convirtieron a la gente parisina en un pueblo tan particular y cuidadoso en sus modos, pero fuertes y decididos en sus maneras. París es toda una experiencia y es una ciudad para todos los gustos. Para aquellos que quieran conocer París desde París y no desde el típico lugar turístico, hay varios escondrijos desde donde se pueden conocer las maravillas de esta ciudad sin sentirse tan turista. En el metro Charles de Gaulle o Etoile, debajo del Arco de Triunfo, puede tomar la línea 2 en dirección Nation hasta la estación Louis Blanc. El X Arrondissement, hacia el este de la ciudad, es un distrito popular de trabajadores, como lo fue la Bastilla, y que se está poniendo de moda entre los más jóvenes e inquietos de la misma manera que Chelsea o el East Village en Nueva York, Malasaña en Madrid o Las Cañitas en Buenos Aires. Hay un brote contagioso de pequeños restaurantes que hacen comida con recetas de medio mundo (World Cuisine) y al atardecer y noche se comienzan a mezclar ritmos africanos con jazz y un toque latino con Carlos Santana. Se come bien en cualquier restaurante, aunque los más concurridos son Chez Papa y Lópus Café, enfrente del metro. Atrás está la boutique Le Purple, con diseños a la altura de Colette en la rue Saint Honoré en el Palais Royal. No sólo ofrece ropa sino que también sirven café y venden discos compactos y revistas de moda, todo ambientado por una decoración de cactus. Lo más singular de la visita es el canal St. Martin, que sale a la superficie y es una belleza con sus puentes, orillas arboladas y memorias de sus orígenes (1821). Este sitio era muy frecuentado por Julio Cortázar, que vivía en el número 4 de la rue Martel (Metro Chateaux dÉau), en los fondos de una fábrica de Telas, y se inspiró en ellos para ambientar varias de sus obras, como Rayuela, cuando el protagonista besa a La Maga a orillas de este canal. Otra visita no convencional es el Boulevard Ménilmontant, cerca del cementerio de Pére-Lachaise, donde cada noche surge un nuevo bar y mesas en la vereda. Antes estaba de moda la visita a las tumbas de Jim Morrison de The Doors, o de Edith Piaf, María Callas, Federico Chopin o los enamorados Abelardo y Eloísa. En el extremo nordeste está el parque de Buttes-Chaumont, diseñado por el barón de Haussmann, que fijó la fisonomía de la ciudad en la época de Napoleón III. Una colina (butte) sobre terrenos de desecho, con un gran lago artificial, sirve de mirador, o simplemente para hacer ejercicio.
Champs Elysées y Arco del Triunfo

Paseo tradicional desde el que se puede ver la Plaza de la Concordia y el Museo del Louvre, es uno de los puntos obligatorios del tour por París. El arco del triunfo es una obra encomendada por Napoleón en honor a su gesta militar. Paseo tradicional desde el que se puede ver la Plaza de la Concordia y el Museo del Louvre, es uno de los puntos obligatorios del tour por París. El arco del triunfo es una obra encomendada por Napoleón en honor a su gesta militar.

Torre Eiffel

La imagen mundialmente reconocida de la mole de hierro se yergue sobre la ciudad y aparece como una alternativa imprescindible para el visitante de la ciudad

Sacré-Coeur at Montmartre

En la colina más elevada de París se encuentra la basílica del Sagrado Corazón, lugar desde el que la vista de la ciudad es realmente magnífica.

Notre Dame y Pont de L´archevêché

La iglesia de Nuestra Señora es una de las más famosas del mundo y fue protagonista de numerosos eventos e incluso de la magistral historia de Víctor Hugo, El Jorobado de Notre Dame. Es una iglesia de estilo gótico de grandes dimensiones, exponente del uso de gárgolas, arbotantes y vitraux dignos de admiración. Si uno se ubica detrás de la iglesia, en el puente de Archeveché, se obtiene una magnífica vista del edificio.

Museo de Louvre y su piramide

Desde hace algunos años, frente al Museo del Louvre, uno de los más famosos del mundo y una de las primeras visitas que se deben hacer en la ciudad Luz, se erige una construcción de vidrio de forma piramidal que no fue bien recibida porque alteraba el aspecto tradicional del museo. Hoy, pasados algunos años, se ha convertido en el anteúltimo clásico del tour por la ciudad. ¿El último? Visitar el túnel donde Lady Di perdió la vida en un accidente.

Columna de Julio

En el lugar donde se encontraba la cárcel de la Bastilla se erigió la Columna de Julio, una pieza de bronce que conmemora los levantamientos de la comuna de París de los años 1830 y 1848.

St-Germain-des-Prés

Es la iglesia más antigua de París y corresponde al estilo romanesco. Su antigüedad la convierte en un paseo de gran significado para el visitante de París.

La capilla santa

Esta capilla fue construida con la certeza de que se estaba utilizando un fragmento original de la cruz en la que Jesús había sido crucificado. La obra fue ordenada por el rey de Francia Luis IX en el siglo XII. Nunca se comprobó que los fragmentos pertenecieran verdaderamente a la cruz del calvario.

Iglesia del dome

Debajo de la cúpula de esta iglesia descansan los restos del emperador Napoléon Bonaparte. Además, el edificio es una muestra acabada de la arquitectura barroca, por lo que también es de interés artístico.

La rueda de París

Es una enorme pieza giratoria de 60 metros de altura, que funciona desde la mañana hasta la medianoche. Tiene 42 cabinas cerradas (que se abren con buen tiempo), que permiten tener una visión increíble del Jardín de las Tullerías y los Champs Elysées.

Place des Vosges

Es la plaza más antigua de París y para muchos la más hermosa. Fue construida por orden de Enrique IV, que deseaba dotar a la capital de un lugar para celebrar fiestas y acontecimientos importantes, pero se terminó recién en 1612, dos años después de su muerte. Los edificios son de ladrillo rojo y piedra de color dorado y bajo los típicos soportales existen numerosas tiendas y cafés, entre ellos Ma Bourgogne, en el extremo noroeste. Richelieu vivió en el N° 21 y Victor Hugo en el N° 6, donde actualmente se encuentra el museo que lleva su nombre.
sd